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Es bien sabido que la Astrología ha estado ligada al origen de ciencias básicas como las matemáticas, la física o la medicina. Tanto es así que en algunas épocas se tomaron como equivalentes estos términos.
La ciencia moderna (a partir del S. XVII) se ha basado, y no sin aciertos, en el análisis (término que en su raíz nos habla de desligar y separar), centrándose exclusivamente en lo perceptible y lo medible. Así, la dependencia completa sobre los síntomas externos para localizar la enfermedad y el apoyo exclusivo en los medicamentos han sido la base de la medicina moderna.
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La Astrología, como ciencia simbólica, no puede asumir las limitaciones de un sistema de pensamiento binario. El lenguaje astrológico se basa en el razonamiento analógico, estableciendo relaciones sobre todo lo manifestado (macro y microcosmos) y realizando un trabajo de combinación y síntesis.
Las tendencias hacia una enfermedad están indicadas en la carta natal, dato imprescindible para trabajar realmente la medicina preventiva. Logrando que la persona desarrolle los hábitos adecuados para su patrón biológico se evitará la materialización de su latente debilidad congénita. A través de la carta natal conoceremos la constitución biológica de la persona con una noción de totalidad (mental, emocional y física), es decir, la información necesaria para la elección del tratamiento adecuado en cada paciente.
Otro factor importante que nos aporta la Astrología es la cualidad del tiempo: etapa evolutiva de la enfermedad y momento adecuado para cada trabajo, ya sea asimilación del medicamento, drenaje, eliminación de toxinas, conveniencia de cirugía etc. A esto lo llamamos ritmificación.