Hoy en día la dieta es uno de los principales problemas a superar en nuestra consulta. Es mucha la cantidad de información a la que estamos expuestos todos los días, en televisión, en revistas, incluso simplemente caminando por la calle, los estímulos para dirigir nuestras apetencias alimenticias son innumerables.
Después de la guerra civil española, todas las bases de alimentación cambiaron, hacía falta gran cantidad de calorías en poca cantidad de comida, y que los alimentos se mantuvieran comestibles el mayor tiempo posible. Se popularizaron los "refinados" y los conservantes", los primeros podían extraer gran cantidad de grasas o almidones, obteniendo el mayor poder calórico de un alimento, y los segundos podían mantener en el tiempo esos alimentos.
Este enfoque de la alimentación despertó un enorme frenesí industrial que encontró un terreno idóneo para sus ambiciones consumistas, dejando a un lado todas las bases de nuestra dieta tradicional, que durante tantos siglos alimentaron de forma saludable a nuestros antepasados. Fuimos presa de dietas y alimentos descompensados, introducidos en nuestros hogares y en nuestros deseos a través de los medios de comunicación al servicio de las industrias.
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Actualmente nos encontramos que más de un 80% de los pacientes que acuden a nuestras consultas mejoran de sus síntomas con el simple hecho de cambiar sus costumbres alimenticias, volver a una dieta más sana y acorde a cada individuo.
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Comer es un acto natural, nacido de necesidades orgánicas profundas y simples. Recordemos la imagen de sosiego del bebé alimentándose acomodado en el regazo materno envuelto entre los olores, arrullos y sus brazos. Poco a poco se convierte en una ocasión de unión familiar, de recogimiento emocional, un momento de paz en el que calmamos necesidades internas con el alimento y otras socio-familiares con el amor, la relación y el compartir familiar. |
En cambio es demasiado frecuente que comamos exaltados por discusiones de negocios, juzgando los alimentos calculando las calorías de cada cucharada que nos metemos en la boda, en tensión, o viendo en la televisión todo un sin fin de desgraciadas noticias que no permiten a nuestro organismo encontrar la paz necesaria para recibir los alimentos. Y lo que sería aún peor, perder la conciencia de que nuestro cuerpo siente ese rechazo a comer sin esa paz, a comer por comer.
Comer en paz y sosiego estimula la rama parasimpática del sistema nervioso autónomo, que es la encargada de la digestión, asimilación y metabolismo de los alimentos. Comer en estrés estimula la rama simpática que es la encargada de la actividad, del ataque y defensa... La menos indicada a la hora de la comida.